Signos es una colección de versos peculiar, porque uno la encuadraría en la más pura tradición surrealista y la poesía escrita en ese paradigma es a veces difícil de entender, si bien contiene imágenes potentes.
Las asociaciones, que, en una primera lectura, parecen no decir nada, son magníficas. El poemario se divide en cuatro capítulos: "Agua", "Tierra", "Fuego" y "Aire".
Cada capítulo parece una ruptura con la estructura poética anterior hasta hacerse gaseoso, llegando a poemas más cortos, ligeros y volátiles.
Luis García Trapiello
Agradezco al poeta Alejandro Lorente que me haya confiado su libro SIGNOS, poemas que son como un río desbordado que se sale del cauce, lenguaje libre y personal que se desata de su nudo para ampararse en la libertad del decir, en un canto con aires surrealistas que anhela nombrar lo innombrable, desvelar lo oculto, lo que es temblor al otro lado.
Y hay que dejarse llevar por su fuerte corriente, dejarse arrastrar en su decir para entrar en su música, que la tiene, y en sus paisajes de un cotidiano trascendido. Exceso y barroquismo, palabra que se eleva a su representación y su teatro, a sus paisajes simbólicos, poemas que son signos de un decir indescifrable, desmesura buscando la serenidad.
José Iniesta
La ilustración de portada de Dori Martín Lázaro parece contener fragmentariamente esos elementos naturales que nos condensan como parte de la naturaleza y que tenemos tan presentes en este poemario. Esos trozos de naturaleza exterior están presentes por tanto también en nuestro interior, conformando los Signos del título, cuya procedencia teatral —de Grotowski, como veremos— es también cinematográfica, pues hablan de aquellos miedos que anidan subterráneos en nosotros y pueden surgir en cualquier momento, mostrando la animalidad que nos conforma.
Javier Mateo Hidalgo
EN ESPACIO Y TIEMPO
Este poemario es voz, es silencio, es latido, es taquicardia, es verdad, es contradicción, es desazón, es alegría, es soledad, es compañía, es meditar, es la emoción del gozo, es vivir.
Esther Ayuso
El poemario se estructura en cuatro partes: Nacimiento, Vida, Muerte y Regeneración.
Cuatro partes, con veinticinco breves poemas cada una, suman cien poesías. Versos, la mayoría encabalgados, que nacen de una querida y requerida necesidad de escribir.
Son versos amables, destilan sosiego. Incluso los del apartado «Muerte».
Los versos de «Muerte» son propiciatorios para la «Regeneración».
Antes, durante y después de «Muerte» Lorente reivindica de continuo el diálogo, la necesidad de comprender al otro, la tolerancia… Valores ecuménicos del humanismo.
Mateo Marco Amorós
NIVEL DEL JARDÍN
Un hermoso libro de reflexión antropológica y metafísica que te obliga a parar, a levantar la vista de la página escrita al mismo tiempo que sientes que en tu cuerpo algo se ha despertado.
Luis García Trapiello
Este poemario nos sumerge desde el zen, el budismo, el pensamiento oriental, en una visión de la vida y del mundo, de la trascendencia y la muerte.
En ellos se persigue la serenidad, la unidad del ser, el vacío como forma de acceso al todo.
Daniel Arenas Martín
Presentación ESCUCHA Valencia (Café Malvarrosa)
(Finalista Premios de la Crítica Valenciana 2009)
Lectura de poemas y charla en UPV radio "Cuestión de magia" 102.5 FM
IMÁGENES FALSAS
Acabo de terminar el libro y me ha parecido una poesía densa, seca, esencial, sugerente. Se trata de una poesía que requiere un lector avezado y atento porque es como un corte, un chispazo eléctrico, juega siempre por el filo de la navaja.
Daniel Arenas Martín
Presentación IMÁGENES FALSAS Valencia (Librería Sahiri)
IMÁGENES FALSAS
Puedo afirmar que Alejandro Lorente realiza un ejercicio de profunda introspección que lleva a cabo mediante el relato de pasadas vivencias aderezadas con algunas gotas de añoranza y disimuladas por imágenes que tal vez pueden llegar a confundir, con esos versos leves que conducen al lector a una dualidad contenida en su propio cosmos.
Purificación Benavent
IMÁGENES FALSAS
Imágenes falsas es un poemario muy bien construido, articulado, y que manifiesta una voz singular, personal, dos notas fundamentales en la creación poética.
Arcadio López-Casanova
1,
Qué hermoso momento de paz
y gozo que da gozo o envidia,
qué respiro y belleza.
Si pudiera haberse dado
este columpiarse plácidamente
en un continuo todos
los instantes de la vida.
Qué lástima. Después
la injusticia nos inflama
perdiendo el grato equilibrio.
Quizá tú sí supiste hacer
con tu vida una belleza
que aquí sin duda queda patente.
2,
Muero las muertes
con la sinceridad
del loco que se eleva
con su misma alegría
e ignorancia.
3.
Te diste al mundo
con una generosidad
tal, que la ausencia
de esas máscaras
nos da la dimensión
enorme de tus regalos,
esqueletos visibles para
curaciones sin precio.
4.
Visitamos la casa
restaurada con
timidez debido a la
portentosidad de sus
escritos, fotos de un
hombre solo, las
gafas que usó, un
cuadro de su
amigo, el carné
que lo delata como uno,
aquella ciudad.
5.
Con este remolino te
hago personaje aunque se
ablande mi escritura.
Así el azote se va
y vuelve, pero ya
pasó todo, pasó...
6.
¿Y cómo este caldo
abonado para la ofuscación
ha tenido la osadía
de instalarse en tu falda?
¿Porque les proteges
del enérgico viento
te arrancan
un trozo de entraña?
7.
Temo el vacío
de la realización, desnudo
busco alguna ansiedad
para sentirme vestido
con mis costras
y gritando.
8.
Así un miedo
(gracias a Dios tengo
resistencias) nos
aboca a nuestras
interferencias, nuestros
mundos (no dejaré
mi mundo) protegidos
nos llevan.
9.
Estando en mundos
diferentes, este
cazo nos sirve, pero
el apaño no tiene fuerza
fuera de su transitoriedad.
10.
El agua se abre a otras aguas
bajo la inmensa obra de ingeniería,
alejándose de las torretas que marcan
la llamada a la tierra. Escapamos un
poco al mar, donde capturan los peces
que se exponen moribundos para freír.